La fábrica de sueños cerró por vaciones y entonces se produjo el caos.Todos los que allí trabajaban estaban acostumbrados a hacerlo durante las 24 horas de los 365 días del año más el de aumento en los bisiestos. Sin descanso y sin vacaciones para que los mortales de apié pudiesen disfrutar de sus dulces sueños.
Durante el primer día nada pasó. Era un día como otro cualquiera pero sin sonrisas profident en las caras de la gente, dado que nadie había tenido un sueño de esos que cuando te despiertas y lo recuerdas, te hace suspirar profundamente. Pero al segundo día... la cosa se agrabó. Digamos que los del montón, esos hijos de vecino que podríamos ser tanto tú como yo, simplemente estábamos un tanto... irascibles y gruñones.
No así le ocurría a esa gente de copete y postín que se codea con la élite más elitosa, para ellos fue mucho peor... La hija de mi vecina MariPuri, que se fue a vivir a Miami, asegura que iba tranquilamente caminando por la calle cuando, para grata sorpresa, se cruzó con Orlando Bloom. Le faltó tiempo para sacar su recién estrenado móvil con de todo y más, para hacerle una foto al muchacho. Y cuando se disponía a hacerlo, el supuesto Bloom fue arrollado por el Bloom verdadero, quien le dio una considerable paliza. Pues parece ser que entre los empleados de la fábrica de sueños, se encontraban una larga lista de clones de personajes con los que muchos y muchas hemos podido soñar en más de una ocasión.
Como es lógico, la noticia de lo sucedido entre el Bloom verdadero y el Bloom clónico (el empleado de la fábrica), ocupó al completo los medios de comunicación. Dando lugar a que por un lado, los Bloom, Clooney y demás no perdiesen los papales al verse las caras con sus "supuestos impostores", y por el otro, a que los demás soñásemos (aunque esta vez despiertos) con que nos los podríamos encontrar por la calle. Porque aunque no fuesen los originales, a nadie le amarga un dulce.
Lo que os acabo de contar, no fue más que un pequeño malentendido que se produjo, el verdadero caos vino después. Resulta que algunos de los empleados más afines entre ellos, organizaron excursiones de grupo para sus vaciones y claro... los ataques de pánico sufridos por algunas chicas al ver al grupo de "las suegras" (todas unidas y a una...) con las que muchos sueñan y tienen pesadillas, fueron considerables.
Y ya no os quiero decir nada de los que se encontraron al monstruo del saco veraneando en Ibiza; a la profesora de matemáticas (cuchillo en mano) en la playa o a seres de ultratumba que vuelven para vengarse. Mi hermana jura y perjura que mientras compraba en Mercadona, vio a un par de tipos con bigote, uno alto que hablaba muy raro y otro más bajito pero que sí hablaba en castellano que le resultaban familiares aunque no lograba recordar de qué, y que un escalofrío la recorrió de arriba abajo nada más verles.
En fin, que visto lo mal que han resultado las vacaciones de los trabajadores de la fábrica de sueños, parece ser que en un par de días volverán todos al trabajo, para evitar males mayores.
Por si os interesa mi anécdota, os la voy a contar: yo, creí encontrarme con el empleado cuya función era la de hacerse pasar por Mark Van der Loo, y por aquello que os dije antes de que a nadie le amarga un dulce, me lo ligué. Después me di cuenta de que me había equivocado, era el verdadero Van der Loo al que me ligué, y no un empleado que disfrutaba de sus primeras vacaciones...
Durante el primer día nada pasó. Era un día como otro cualquiera pero sin sonrisas profident en las caras de la gente, dado que nadie había tenido un sueño de esos que cuando te despiertas y lo recuerdas, te hace suspirar profundamente. Pero al segundo día... la cosa se agrabó. Digamos que los del montón, esos hijos de vecino que podríamos ser tanto tú como yo, simplemente estábamos un tanto... irascibles y gruñones.
No así le ocurría a esa gente de copete y postín que se codea con la élite más elitosa, para ellos fue mucho peor... La hija de mi vecina MariPuri, que se fue a vivir a Miami, asegura que iba tranquilamente caminando por la calle cuando, para grata sorpresa, se cruzó con Orlando Bloom. Le faltó tiempo para sacar su recién estrenado móvil con de todo y más, para hacerle una foto al muchacho. Y cuando se disponía a hacerlo, el supuesto Bloom fue arrollado por el Bloom verdadero, quien le dio una considerable paliza. Pues parece ser que entre los empleados de la fábrica de sueños, se encontraban una larga lista de clones de personajes con los que muchos y muchas hemos podido soñar en más de una ocasión.
Como es lógico, la noticia de lo sucedido entre el Bloom verdadero y el Bloom clónico (el empleado de la fábrica), ocupó al completo los medios de comunicación. Dando lugar a que por un lado, los Bloom, Clooney y demás no perdiesen los papales al verse las caras con sus "supuestos impostores", y por el otro, a que los demás soñásemos (aunque esta vez despiertos) con que nos los podríamos encontrar por la calle. Porque aunque no fuesen los originales, a nadie le amarga un dulce.
Lo que os acabo de contar, no fue más que un pequeño malentendido que se produjo, el verdadero caos vino después. Resulta que algunos de los empleados más afines entre ellos, organizaron excursiones de grupo para sus vaciones y claro... los ataques de pánico sufridos por algunas chicas al ver al grupo de "las suegras" (todas unidas y a una...) con las que muchos sueñan y tienen pesadillas, fueron considerables.
Y ya no os quiero decir nada de los que se encontraron al monstruo del saco veraneando en Ibiza; a la profesora de matemáticas (cuchillo en mano) en la playa o a seres de ultratumba que vuelven para vengarse. Mi hermana jura y perjura que mientras compraba en Mercadona, vio a un par de tipos con bigote, uno alto que hablaba muy raro y otro más bajito pero que sí hablaba en castellano que le resultaban familiares aunque no lograba recordar de qué, y que un escalofrío la recorrió de arriba abajo nada más verles.
En fin, que visto lo mal que han resultado las vacaciones de los trabajadores de la fábrica de sueños, parece ser que en un par de días volverán todos al trabajo, para evitar males mayores.
Por si os interesa mi anécdota, os la voy a contar: yo, creí encontrarme con el empleado cuya función era la de hacerse pasar por Mark Van der Loo, y por aquello que os dije antes de que a nadie le amarga un dulce, me lo ligué. Después me di cuenta de que me había equivocado, era el verdadero Van der Loo al que me ligué, y no un empleado que disfrutaba de sus primeras vacaciones...

