Test musical

Me encontré este Test musical por casualidad y ¡a saber dónde! (porque no lo recuerdo) y como esto hoy está muy tranquilito y yo me aburro, voy a hacerlo...

Consiste en poner el reproductor de mp3 en modo aleatorio e ir contestando a las preguntas con los títulos de las canciones que suenan (primera canción - respuesta a la primera pregunta; segunda canción - respuesta a la segunda pregunta;...)
  • ¿Cómo te describirías?
Nadie como tú - La Oreja de van Gogh (esto empieza bien...)
  • ¿Qué te gusta en una persona?
Todo lo bueno (tiene un final) - Nelly Furtado (Pues vaya...)
  • ¿Cuál es tu propósito en la vida?
Acuérdate bien de mi cara - La caja de Pandora (Pues vale...) :S
  • ¿Cuál es tu apodo?
Todo se parece a ti - Diego Martín (¿De verdad? ¿Así me llamáis? Pero... ¿todo, todo, todo? Todo no, ¿no?
  • ¿Qué piensan tus amigos de ti?
Qué hiciste - Jennifer López (Jajajaja, esto si, esto siiiiiiiiii)
  • ¿Qué piensas de tus padres?
Para ti sería - Nek y El Sueño de Morfeo O_0
  • ¿En qué piensas muy a menudo?
No voy a cambiar - Malú (Ole, ole y ole... en tol centro vamos...) xD
  • ¿Qué es 2+2?
Cal y arena - Merche (Ahí, ahí, revolucionando el mundo de las matracas) jajaja
  • ¿Qué piensas de tu mejor amigo?
Nada que perder - Conchita (Uaaalaaa...) =D
  • ¿Qué piensas de la persona que te gusta?
Cry - Rihanna :'(
  • ¿Cuál es la historia de tu vida?
Agua de Mayo - Malú (No, de Junio... pero casi) xD
  • ¿Qué quieres ser de mayor?
Demasiado tarde - El Sueño de Morfeo (Sí, porque ya soy mayor, ¿no?) :P
  • ¿En qué piensas cuando ves a la persona que te gusta?
Por amarte así - Cristian Castro (Ainsssss...)
  • ¿Qué bailarás en tu boda?
My own way
  • ¿Qué tocarán en tu funeral?
Te iré a buscar - Gonzalo (Jajajaja... ¿quién va a ir a buscarme cuando haya muerto? Sabía que estábais mal, pero tanto... ay, ayyy, ayyyyyyyyyyyy) xD
  • ¿Cuál es tu hobby?
Desafío - Malú (Si, si... esa soy yo: voy por el mundo desafiando a la gente...)
  • ¿Cuál es tu mayor miedo?
Volver a amar - Cristian Castro (¡Anda yaaaaaaaaaaaaaaa!)
  • ¿Cuál es tu mayor secreto?
Cobarde - David Bustamante (¿Ah si? Pues sí que es mi mayor secreto, porque ni yo lo sabía) xD
  • ¿Qué piensas de tus amigos?
Call me - Soraya Arnelas (Pues eso, que ya estáis "calling me" chic@s...) :P
  • ¿Qué opinas de este test?
Como lo tienes tú - Pereza (Claaaaarooooooooooo...) ¬¬

Cien años después


Cuentacuentos 2.107: Parque Jubilásico


La friolera de, nada más y nada menos que, cien años han pasado desde aquel día en que El Cuentacuentos llegaba a la frase número cien. Hoy, 23 de Octubre de 2.107, publico lo último que he escrito. Empecé hace cosa de tres meses a escribirlo, porque claro… los años pasan factura y las cosas ya no son lo que eran.

Ahora, vivimos todos en una enorme residencia que un día fue de ancianos que, poco a poco la fueron abandonando para dar lugar a la entrada de más Cuentacuentos. Aunque algunos se mostraban reacios al principio, al final hemos acabado todos aquí.

Yo, ahora mismo no recuerdo cuando, pero hace poco que cumplí los 125 años. Es cierto que no soy la más joven (algunas se quitan años de encima, que lo sé yo…) pero también hay quien supera mi edad con creces.

El personal médico que vive pendiente de todos nosotros y se encarga de que nuestros mecanismos (todos ellos, sean los que sean) no se paren, no se explica que sigamos vivos. Los expertos (todavía no sé en qué) aseguran que el crear historias es lo que nos alarga la vida. Quiero creer que tienen razón. Y también quiero creer que, visto lo visto, la calidad y el número de creaciones, influye en ello. Porque no todos nos conservamos igual de bien.

Me parece que esto va a ser lo último que escriba, porque el reuma y las lagunas mentales que padezco, se me están haciendo insoportables. Si como aseguran: “no sigo creando historias, no sigo viviendo”, creo que ha llegado el momento de retirarme y dar cabida a otro de nosotros.

No me malinterpretéis, no es que no esté a gusto aquí, pero es que hay veces en las que se me hace muy duro. Recuerdo, por ejemplo, la última visita de mi bisnieta la mayor, ese hijo suyo… me arrea cada mamporro cada vez que viene a verme… Su padre dice que es su forma de demostrar afecto, pero el cabroncete me hace un daño del mil demonios… ¡Ay criaturita, me recuerda tanto a mí cuando era pequeña…!

Bueno, a lo que iba: la residencia. Es enorme y está llena de comodidades. Cintas transportadoras sobre las que ir de un lado a otro (y evitar así llegar un día después a comer); ascensores que nos mueven de un piso a otro; mascarillas de oxígenos distribuidas cada quince metros (por lo que pueda pasar); personal médico siempre alerta…

¿Y qué me decís del museo que nos han montado aquí al lado? Este mes creo que no nos han llevado a visitarlo, o eso o que yo no me enteré. También puede ser que lo haya olvidado, eso tampoco lo descarto. El caso es que es una maravilla ver todos nuestros escritos y premios en él. Tengo ganas de volver a ir (espero tener tiempo suficiente para hacerlo), y no porque me crea eso que le escuché el otro día a Popi de que han criogenizado y metido en una urna de cristal al Señor de las Historias, yo creo que es una de las suyas...

Hoy no estoy muy animada, no como el otro día, que hasta quise ir a una quedada que organizaron en el jardín. Quise ir pero no pude hacerlo, porque me equivoqué de cinta transportadora y acabé en uno de los salones. Al final asistí a la lectura de un microrrelato que parece ser que Oski escribió hace cien años también. Menuda siesta más buena la de esa tarde. No, no… no volváis a entenderme mal, no me dormí porque fuese aburrido, me dormí porque María ya no ve tan bien como antes y el control de sus cuerdas vocales lo está perdiendo. 20 minutos tardó en leer el título y lo demás ya no lo sé, porque se me cerraron los ojos. ¡Qué penita más grande, con lo bien que leía en el colegio cuando éramos niñas!

Ahora que pienso… creo que he quedado con Wannea y con alguna más para echar una partida de cartas en el salón verde. Me apetece mucho ir, pero también me da miedo después de lo del otro día. Creo que no todos os habéis enterado, pero… a Miki le trajeron el otro día un programa que copia y transcribe todo lo que dices en el ordenador, cuando venía a prestármelo, fue asaltado por un grupo de cuentacuentos enmascarados y casi nos lo quitan, pero al final la trinchera que nos ayudaron a construir Pedro y Tormenta, aguantó. Aunque también ayudó que Aarón apareciera y les tirara su vieja guitarra encima. De eso se alegraron muchos, pero ya no sé si por nosotros o por la guitarra, que se rompió en mil pedazos.

Hay días difíciles por aquí, últimamente no cesan los golpes de estado, pero Javi y Beleíta han sido siempre capaces de salir satisfactoriamente del apuro, y la República Independiente de Cuentacuentos, continúa como siempre…

Bueno, como siempre o casi… porque ahora las frases salen cada mes y medio (más o menos), cuando antes (no sé si lo recordaréis) salían cada semana, pero es que… ni nuestros dedos, ni nuestras cabezas son tan ágiles como lo eran antaño. Aún así, esto sigue creciendo. Cada día recibimos cientos y cientos de peticiones de jóvenes que quieren ser cuentacuentos o de otros, ya mayores, que lo son y quieren venirse a la residencia.

Por eso digo yo que va siendo hora de que alguno tiremos la toalla, no sea que nos la hagan tirar, porque aquí todo el mundo no cabe.

Acabo de escuchar a Jara por megafonía y dice que tenemos tarta de Pistachos en el salón verde, ¿entonces dónde he quedado yo para jugar a las cartas? Creo que me voy a ir al salón de cine a ver alguna de las películas de Scry o al de música que seguro que alguno andará aporreando alguna cosa en él.

¡Qué mayores que estamos ya, leche! Todavía me acuerdo de cuando…

Cogidas de la mano

Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado. Abrir los ojos y saber que su rostro descansa al lado del suyo la impregna de esa fortaleza que ahora tanto necesita.

Sus ojos también se abren. En un acto reflejo y al unísono, los rostros de las dos niñas dan un paso hacia adelante sobre la almohada. Esto provoca que sus pequeñas naricillas casi puedan rozarse.

La niña del pijama rojo mueve su cabeza de izquierda a derecha consiguiendo que su nariz roce la de su amiga. Una vez que ha parado, la niña del pijama azul celeste la imita, devolviéndole otro beso de gnomo.

Un nuevo acto instintivo hace que las dos se cojan de la mano. Con fuerza.

Vuelven a mirarse. Sonríen. Aunque lo hacen a duras penas.

Parece ser que esa mañana han amanecido más sincronizadas que nunca y una pequeña lágrima comienza a rodar por la mejilla de ambas.

Esas lágrimas que salen de lo más profundo de sus almas se asoman a los balcones de sus pupilas, resbalan por las enredaderas de sus pestañas y se deslizan rápidamente por la dulzura de sus mejillas. Llegan a la almohada pero no mueren en ella. Antes de esas lágrimas ha habido otras y esas otras han dibujado un pequeño río. Sobre ese pequeño río discurren ahora las últimas en nacer hasta llegar a un pequeño charquito que ambos ríos han originado sobre la sábana que cubre el colchón.

Han olvidado quien necesitaba de la otra para que pasara la noche a su lado. Sólo saben que están juntas y que cogidas de la mano son más fuertes.

Es hora de levantarse. Han de secarse las lágrimas y enfrentarse de nuevo al mundo y a la realidad, pero saben que juntas podrán hacerlo.

La niña del pijama azul celeste coloca un dedo índice a cada lado de los labios de la otra niña. Los desplaza de forma horizontalmente ascendente y presiona durante unos segundos, hasta fijar la curvatura que ha creado. La niña del pijama rojo la imita y le pinta a ella una nueva sonrisa.

Acaban de recordar que el pequeño mundo que comparten necesita contagiarse de sus pequeñas sonrisas para ser un poquito mejor y más llevadero, así que han decidido convertirse en pequeñas hadas de las sonrisas.

Sonriendo y sin que sus manos se suelten, bajan a desayunar para comenzar con esa misión tan importante que las dos tienen.

Están llenas de vida. Son fuertes. Acaban de convertirse en dos pequeñas heroínas y su arma más poderosa es la sonrisa.

Para María, por hacer que mis sonrisas nazcan de las suyas y dejar que las suyas se unan a las mías.