Marujeando un poco:

Álvaro: ¿Qué más tengo que hacer para demostrar que esta mujer es Sandra de la Vega?
Sandra: Yo no quería llegar a esto pero... ¿y si supiera cosas de cada uno de vosotros que sólo Sandra pudiera saber?
Richy: La primera reunión en 10 años que se pone interesante...
Sandra: Dieguito el viejito, siempre en su rinconcito, gruñe y refunfuña y se come las uñas. Se levanta temprano, para ir a cazar gusanos...
Richy: ¿Esto qué es la canción que ha ganado este año en Eurovisión?
Cayetana: No, es la canción que le cantábamos a Diego para hacerle rabiar... Eres tú...

Ven a pervertirme!¡


Ven a pervertirme con tus besos
Con tus artes de maestro consumado
Prometo ser sumisa y obediente
Abandonarme entre tus manos
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones
Perderme en esos ritos tan prohibidos
Que encarecieron inquisidores

Ven a pervertirme con tus frases
Dime palabras feas y atrevidas
Quiero contagiarme de tus vicios
Merecerme tus caricias
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones

(...)

Ven a pervertirme con tus trucos
De muchacho golfo y descarado
Ceder a tentaciones tan jugosas
Perderme para siempre entre tus brazos
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones

La habitación del deseo

"La habitación del deseo imposible", así es como la llamaban.

Su creador: el inimitable ermitaño Iago Sacía Pajas. Llamado de este modo no sólo porque viviese sólo, sino también porque jamás se desprendía de una especie de mochila, hecha a base de conchas de todo tipo, que él mismo se había creado. Y sí, también porque las malas lenguas siempre habían asegurado que se quería demasiado a sí mismo.

Era, o más bien aseguraba ser, el mejor curandero, vidente, naturópata e inventor de todos los tiempos. Su último invento: aquella habitación en la que alguien entraba, tras depositar en una pequeña caja de hojalata, la voluntad (nunca menos de un par de billetes) y pedía cualquier cosa que fuese imposible conseguir de otro modo.
Así visto, parecía un auténtico chollo, pero no lo era. Era preciso pensárselo muy bien antes de formular el deseo en cuestión, de lo contrario podrían ocurrir verdaderas catástrofes...

Todavía recuerdo cuando el inocente Ernesto Ilotro, una vez dentro, pidió convertirse en astronauta... ¡Qué tonto que fue! Aquello no era imposible, bastaba con ser brillante y estudiar mucho desde la escuela para conseguirlo. Eso fue lo que le dijo el señor Sacía Pajas cuando le vio salir de la habitación con su cabeza inflada.

Su cabeza había doblado cuatro veces su tamaño original. Parecía una escafandra de esas que utilizan los hombres que viajan al espacio...

Yo, por mi parte, fui mucho más lista que él: pedí ser inmortal.

No os lo había contado pero... una vez que alguien pide un deseo realmente imposible más allá de esa habitación, nadie más puede pedir lo mismo. Así pues, ¡la inmortalidad es sólo mía! Les daré recuerdos de vuestra parte a vuestros tatara-tatara-tatara nietos, si así lo deseáis...



¿Y tú? ¿Qué pedirías tú si pudieses entrar en esa habitación?