La Curiosidad [no sólo] Mató Al Gato



¿Cómo no acercarme a ti si desprendes ese brillo tan especial?
Soy polilla sólo porque tú eres bombilla...
¿Cómo mantenerme lejos si lo que más quiero es poder notarte, sentirte, respirarte...?
Respiro porque tú me das el aire fresco a bocanadas que necesito...
¿Cómo? ¡Dime cómo lo hago!
Porque sólo a tí te haré caso...

Dicen... que la mejor manera de evitar la tentación es cayendo en ella, ¿o era al revés?


... y no me importa
y es que me da igual,
porque como gata curiosa
estaría dispuesta a morir...

(1)






Me acompañas en la vida
en el llanto y la alegría
eres mi apoyo que me ayuda a seguir

*









Es genial por fin haber tocado fondo

porque ya no se puede bajar mucho más
ves ese hilo de luz que está ahí arriba
es tu buena estrella, te protegerá

En verano, huele a muerto

Otra vez ese olor extraño golpeaba su nariz, por segundo verano consecutivo sucedía y por segunda vez todas sus sospechas recaían en una misma persona, en su vecino: el señor Dieguez.

Un año atrás, cuando pasó por primera vez, su familia no creyó ni una palabra de lo que decía. "Cariño, has visto demasiados capítulos de C.S.I." o "Mamá se está haciendo mayor, ya se le está empezando a ir la pinza" fueron algunas de las lindezas que oyó de boca de los miembros de su familia. Esta vez no les diría nada, agudizaría su ingenio y trataría de desenmascarar al vecino sin la ayuda de nadie.

Sin embargo, pocos días después, se dieron cuenta:

-Mamá, ¿se puede saber qué haces?

-Buscar pistas hijo, buscar pistas... Y no me preguntes de qué porque lo sabes perfectamente y aunque no queráis admitirlo, sé que vosotros también lo oléis...

Con los primeros rayos de Sol del verano pasado y tras salir de su casa y poner los pies sobre el fresco césped, un olor fuerte, rancio y extraño, había golpeado su naríz y, la buena mujer, no había tardado mucho tiempo en atar cabos y llegar a la conclusión de que la muerte del perro del señor Dieguez estaba relacionada.

"Se le ha muerto el perro y no se le ha ocurrido mejor idea que enterrarlo en nuestro jardín" -había dicho-. "Aunque... tal vez lo haya matado él" -añadió después-. "Lo investigaré" -sentenció-.

Este año un olor muy similar, casi idéntico aunque tal vez un poco más fuerte, la llevaba a pensar que la que estaba bajo la tierra de su jardín era la suegra del vecino, a la que no veía desde hacía un par de semanas.

"¿Es que no os dáis cuenta? ¿Cuánto hace que no véis a la señora Ana? La ha matado y la ha enterrado en el jardín, igual que al perro".

-Mamá... ¿te has parado a pensar en porqué sólo lo hueles durante el verano?

-¡Buena observación, hijo! -dijo el padre del chico-.

-¡Pues claro! El olor a tierra mojada de las lluvias de la primera hace que pase desapercibido; el frio del invierno congela los cadáveres y hace que dejen de oler; en otoño han de descongelarse poco a poco y en verano, en verano aparece el tufo de nuevo. ¿Es qué no lo véis?

Padre e hijo se miraron frunciendo el ceño y moviendo la cabeza de izquiera a derecha. Un rato después, se les ocurrió algo que podría funcionar:

-Cariño... ¿por qué no te apuntas a las clases de gimnasia del barrio?

-Para que me mentenga ocupada y no diga más sandeces, ¿no?

-¿Sabías que el señor Dieguez va a esas clases, mamá? -apuntó su hijo-.

-Iré ahora mismo a apuntarme...

Padre e hijo tenían la esperanza de que, con un poco de ejercicio, estiramientos y flexibilidad, fuese capaz de darse cuenta de dónde procedía realmente el olor, pero no funcionó: durante las clases, ella estaba más atenta de seguir todos y cada uno de los movimientos del vecino que de cualquier otra cosa.

Una noche, durante la cena, a pesar de que su madre había preparado uno de sus platos preferidos, el chico no había probado bocado: tenía el estómago revuelto y mareado. De pronto, no pudo aguantar más y se lo dijo:

"¿Es qué no te das cuenta? No hay ningún cadáver bajo el césped del jardín, ¡eres tú! ¡Son tus pies en verano, cuando te pones sandalias! ¡APESTAN!"

-Jajaja -rió ella a carcajada limpia- ¡Ya lo sé!

-¿Lo sabes? -preguntaron para e hijo al unísono-.

-Por supuesto, y lo que me ha costado lograr que os atreviéseis a decírmelo...

Una galleta de la fortuna vacía

"La felicidad no sólo se halla en la dicha, sinó también en aprender a aceptar", pero ¿en aprender a aceptar qué?, ¿que la suerte y la buena fortuna no le estaban predestinadas?

Almudena apretó el puño con fuerza arrugando aquel estúpido papel y salió del restaurante. Era muy tarde para llamar a alguien pero muy temprano para volver a casa. Comenzó a caminar y sus pies la llevaron al Paseo del Puerto, aquel por el que siempre había soñado que paseaba con Juanjo. Algo que nunca pasó.

Iba pensando en sus cosas y autocompadeciéndose como de costumbre cuando la voz de una mujer llamó su atención:

- "No seas tonta y quítate esas cosas de la cabeza. La respuesta está delante de tus ojos y no eres capaz de verla". Le decía una gitana desde el tenderete que tenía colocado en el paseo.

- "No, tampoco vengas a sentarte junto a mí para que te lea la palma de la mano. ¿Para qué vas a hacerlo si no crees en estas cosas?

Era como si aquella mujer fuera capaz de leerle el pensamiento y por ese motivo las ganas que Almudena sentía por acercarse a aquella desconocida aumentaban.

- "Te repito que no vengas a mí. Sólo eres una chica inteligente que está haciendo el tonto. Tú sola has de quitarte la venda de los ojos y lo harás esta noche. Pronto lo verás..."

Una ráfaga de viento hizo que se levantara la arena de la playa que quedaba tras el paseo, Almudena giró la cabeza para que no se le metiera en los ojos. Cuando la ráfaga pasó y ella volvió a girar la cabeza, la gitana ya no estaba.

Caminó hasta la pequeña muralla que separaba el suelo de arena de la playa de las pequeñas baldosas que adornaban el camino del Paseo y se sentó sobre ella. Pensó en las palabras de la gitana. En la primera galleta de la fortuna que le habían dado en el Restaurante Chino y que había resultado estar vacía. Pensó en que había tenido que cenar sola porque Juanjo la había llamado unos minutos después de que ella hubiera llegado al restaurante para decirle que no podría acompañarla en la cena. Pensó entonces en esas últimamente tan frecuentes reuniones a altas horas de la noche que tenían lugar en las oficinas en las que Juanjo trabajaba. Pensó en todas y cada una de las mentiras que, a pesar de saber que lo eran, no había querido reconocer hasta el momento. Y en último lugar, pensó en la frase impresa dentro de la segunda galleta de la fortuna que había pedido en el restaurante: "La felicidad no sólo se halla en la dicha, sinó también en aprender a aceptar".

Sacó el papel arrugado del bolsillo de su abrigo, lo estiró y volvió a leer la frase que contenía una vez más. En ese momento lo vio claro.

Caminó hasta la orilla y, con toda la fuerza de la que disponía, arrojó el papel al mar, porque aunque no se había dado cuenta hasta ese momento, no necesitaba una segunda galleta de la fortuna, la primera, aún estando vacía, lo decía todo. Vacía, así es como estaba su vida. Vacía de todo cuanto se merecía, aunque llena de cosas que tan sólo le permitían vivir a medias, sentir a medias y, en definitiva, ser feliz a medias.

Ese giro de ciento ochenta grados que su vida llevaba meses pidiendo a gritos, acababa de comenzar. Lo había hecho desde el momento en que Almudena le había dado la espalda al mar y, sonriendo, emprendía el camino de vuelta a casa…

Apenas cinco pasos después, su teléfono móvil comenzaba a sonar y con él, una nueva mentira implícita tras los nueve números del móvil de Juanjo. En ese momento, hubiera sido fácil deshacer el giro que había decidido darle a su vida pero, contra todo pronóstico, lo que Almudena hizo fue girarse para lanzar el móvil también al mar y seguir el camino que esa noche había decidido emprender.

Y entonces, simplemente, sonrió…



Escrito a medias con: María.

Mi caja del tiempo: Los 10 libros

Seguro que en alguna ocasión habrás oído hablar acerca de esas “máquinas del tiempo” que no son otra cosa que cajas en las que la gente guarda determinadas cosas y, después, las entierra para que en un futuro otros las encuentren, ¿no? Pues esto es algo muy parecido…

Se trataría de ponernos en el supuesto de que todo cuanto somos y conocemos va a desaparecer (algo así como si el mundo fuese a evaporarse de pronto para, un tiempo después, volver a surgir –sea del modo que sea y queramos verlo de manera científica o religiosa-) y que, por lo tanto, tenemos que dejar una especie de legado que nos defina como la persona que fuimos…

Empezando por esta y a lo largo de varias entradas, iré poniendo una serie de cosas que yo creo que ayudarían a describir a la persona en la que, con el paso de los años, me he convertido y que metería dentro de esa caja.

Lo primero que he decidido meter son diez libros.



Mi caja del tiempo (01): Los diez libros


  1. Las Cosmicómicas - Italo Calvino
  2. La bruja de Portobello - Paulo Coelho
  3. El niño con el pijama de rayas - John Boyne
  4. Marina - Zafón
  5. Las brujas - Roald Dahl
  6. Si una noche de invierno un viajero - Italo Calvino
  7. Los hombres que no amaban a las mujeres - Stieg Larsson
  8. El juego de Gerald - Stephen King
  9. La suma de los días - Isabel Allende
  10. Controversias en la Educación española - Álvaro Marchesi

Me gusta contar las palabras...

Me gusta contar las palabras y hacerlas bailar para ti, me gusta mirarlas danzando, diciendo las cosas que me prometí...”

Cantaba Bernardo quien, con el reproductor de música encendido y los auriculares puestos en las orejas, se había encerrado en el cobertizo, hasta que de nuevo volvía a accionar la sierra mecánica y entonces, lo único que podía escucharse era el ensordecedor ruido del artilugio eléctrico.

“Me gusta asomarme a la calle y ver a la gente pasar y siempre me gusta una siesta muy larga después de desayunar…”

Se le volvía a escuchar cantar, aunque esta vez, a su para nada aterciopelada voz, le acompañaban los golpes que daba con el pequeño machete que había encontrado allí dentro. Y de nuevo, otra vez el ruido de la sierra, hasta que de pronto cesó y ya no volvió a escucharse más.

“Me gusta comer con las manos, me gusta comerte la boca, vestido con las canciones y la camiseta con la que dormí…”

Seguía cantando el hombre hasta que la batería del reproductor corrió la misma suerte que lo que tenía entre manos. “Otro cadáver más para mi cuenta particular de hoy” pensaba mientras se quitaba los auriculares y observaba el amasijo de tripas, vísceras y sangre que había sobre la mesa.

Por suerte, el enorme delantal de plástico negro había conseguido impedir cualquier salpicadura en su ropa. Así los niños no podrían sospechar nada.

Limpió y recogió todos los restos con precaución. Si dejaba algún rastro estaba perdido. Lo metió todo dentro de una bolsa de basura también de color negro que ató con fuerza y, a su vez, metió esa bolsa dentro de otra exactamente igual y que también ató de la misma manera que la primera. Se lavó las manos y echó un último vistazo. Todo estaba en orden, así que ya podía salir de allí.

Abrió la puerta que había cerrado a cal y canto y llamó a su mujer, quien había estado manteniendo ocupados a los niños. Ella llegó al instante.

-¿Ya has terminado?

-Sí. No pensé que me fuese a costar tanto hacerlo…

-¿Y lo has limpiado todo? Si los niños lo ven…

-Tranquila, está todo limpio. ¿No creerás que quiero que piensen que su padre fue quién mató a la madre de Bambi? Jajaja.

-¡Qué humor tan negro tienes, Bernardo! Espero que al menos se te haya quitado ya el gusanillo de ir de caza por una buena temporada…

-¿No querías vacaciones en el campo? ¡Pues en el campo las cosas se hacen así, con las manos! Diles que te ayuden a poner la mesa. Voy a encender la barbacoa y en media hora comeremos.

-Está bien…

-¡Elisa!

-¿Qué?

-Recuerda: de esto no les digas ni una palabra.

-Que no…

-Y si preguntan: la carne me la ha dado el vecino, el señor que planta todas esas cosas…

-Que sí…

El monstruo del desván

Todos levantaron la cabeza y escucharon.
-¡Chist! ¡Ahí está otra vez!
(dice Isaac con cara de susto)
-Es cierto, ya vuelve... (le responde Elena tratando de superar el gesto dibujado en la cara de su amigo)
-No hagáis ruido, no vaya a ser que nos pille... (susurra Alberto y, acto seguido, se esconde bien escondido tras un polvoriento armario ropero)
-Pero si nunca nos ha pillado... (masculla Luisito con la boca llena de bizcocho de limón y con total despreocupación)
-¡Eso es cierto! (vuelve a hablar Isaac) A lo mejor es que no es peligroso...

(El mostruoso ruido que les asusta vuelve a escucharse otra vez y, en esta ocasión, por duplicado)

-No nos pilla porque cuando lo escuchamos siempre nos quedamos en silencio (sentencia Alicia, que siempre es la más valiente de los cinco y la más lista de toda la clase)
-Por eso digo que no hagáis ruido (repite Alberto)

(De pronto, los cinco escuchan unos pasos que se acercan. Asustados, buscan el mejor escondite. A excepción de Luisito, que sigue comiendo bizcocho de limón)


-¡Venga niños, id bajando que ya casi son las siete! (dice la abuela de Luisito justo después de asomar la cabeza por la puerta del desván)

(Los niños, ahora muchísimo más tranquilos por contar con la presencia de un adulto, bajan las escaleras a toda prisa y cogen sus mochilas. El padre de Isaac les espera ya dentro del coche. Se suben y éste les lleva a sus respectivas casas)


-¿Hoy también habéis escuchado los gruñidos del monstruo, no? (pregunta a Luisito su abuelo)
-Ahá... (asiente él) Pero cómo la abuela se entere nos la vamos a cargar...
-¡Pero si la culpa la tiene ella! Si no me obligara a ponerme a dieta, mi estómago no rugiría de esa manera...

Que te vaya bien



Todo nuevo y diferente para mi,
tuve que aprender
a sobrevivir en esta jungla,
fuiste de las que primero conocí,
me caíste bien
y al poquito trabajamos juntas.
Quizás me puedas acusar que sigo
siendo un poco clásica
aunque sabiendo de qué vas
me faltan un millon de prácticas,
tu historia dice que sigues tan fantástica

Y si hablas mal de mi
peor para ti
que si yo te hice sufrir
dímelo a mi
ha llovido tanto que
hace siglos que olvidé.

Al principio cada cuento te creí,
lo supiste hacer
con tu cara de angel y tu astucia,
no quisiste valorar lo que te di,
no lo hiciste bien,
deja ya de echarme a mi la culpa.
No sigas criticando
todos dicen que eres mas que trágica
que pena tu amuleto lo has perdido
y ya no eres tan mágica.
Olvida de una vez,
me estás dando lástima.


Y si hablas mal de mi
peor para ti
que si yo te hice sufrir
dímelo a mi
ha llovido tanto que
hace siglos que olvidé.

Que si soy mala mujer
dime porqué,
como amiga me porté,
tú fuiste cruel,
demasiado perdoné,
niña que te vaya bien.

Y si hablas mal de mi...
que si yo te hice sufrir...
que si soy mala mujer...
dime, dime, dime...
como amiga me porte...
demasiado perdoné...
niña que te vaya bien...


Dedicado a Almudena: mi hasta hoy compañera de trabajo. Niña... ¡qué te vaya bien! y también... ¡qué te den un muchito por saco! Hasta más ver... =D

Este blog, abre sus puertas de nuevo



Pues yo tengo el presentimiento de que el mío (con el cambio que le he dado) también será el primero en su categoría: Bitácoras sobre el deshoje de margaritas. ¿Si hay gente que se dedicar a peinar bombillas, porqué no voy yo a deshojar margaritas?

A causa del aburrimiento y también porque echaba de menos esto de bloggear, he decidido volver a abrir el blog y darle un lavado de imagen radical. Ya me diréis (o no...) qué os parece... ;)

Test musical

Me encontré este Test musical por casualidad y ¡a saber dónde! (porque no lo recuerdo) y como esto hoy está muy tranquilito y yo me aburro, voy a hacerlo...

Consiste en poner el reproductor de mp3 en modo aleatorio e ir contestando a las preguntas con los títulos de las canciones que suenan (primera canción - respuesta a la primera pregunta; segunda canción - respuesta a la segunda pregunta;...)
  • ¿Cómo te describirías?
Nadie como tú - La Oreja de van Gogh (esto empieza bien...)
  • ¿Qué te gusta en una persona?
Todo lo bueno (tiene un final) - Nelly Furtado (Pues vaya...)
  • ¿Cuál es tu propósito en la vida?
Acuérdate bien de mi cara - La caja de Pandora (Pues vale...) :S
  • ¿Cuál es tu apodo?
Todo se parece a ti - Diego Martín (¿De verdad? ¿Así me llamáis? Pero... ¿todo, todo, todo? Todo no, ¿no?
  • ¿Qué piensan tus amigos de ti?
Qué hiciste - Jennifer López (Jajajaja, esto si, esto siiiiiiiiii)
  • ¿Qué piensas de tus padres?
Para ti sería - Nek y El Sueño de Morfeo O_0
  • ¿En qué piensas muy a menudo?
No voy a cambiar - Malú (Ole, ole y ole... en tol centro vamos...) xD
  • ¿Qué es 2+2?
Cal y arena - Merche (Ahí, ahí, revolucionando el mundo de las matracas) jajaja
  • ¿Qué piensas de tu mejor amigo?
Nada que perder - Conchita (Uaaalaaa...) =D
  • ¿Qué piensas de la persona que te gusta?
Cry - Rihanna :'(
  • ¿Cuál es la historia de tu vida?
Agua de Mayo - Malú (No, de Junio... pero casi) xD
  • ¿Qué quieres ser de mayor?
Demasiado tarde - El Sueño de Morfeo (Sí, porque ya soy mayor, ¿no?) :P
  • ¿En qué piensas cuando ves a la persona que te gusta?
Por amarte así - Cristian Castro (Ainsssss...)
  • ¿Qué bailarás en tu boda?
My own way
  • ¿Qué tocarán en tu funeral?
Te iré a buscar - Gonzalo (Jajajaja... ¿quién va a ir a buscarme cuando haya muerto? Sabía que estábais mal, pero tanto... ay, ayyy, ayyyyyyyyyyyy) xD
  • ¿Cuál es tu hobby?
Desafío - Malú (Si, si... esa soy yo: voy por el mundo desafiando a la gente...)
  • ¿Cuál es tu mayor miedo?
Volver a amar - Cristian Castro (¡Anda yaaaaaaaaaaaaaaa!)
  • ¿Cuál es tu mayor secreto?
Cobarde - David Bustamante (¿Ah si? Pues sí que es mi mayor secreto, porque ni yo lo sabía) xD
  • ¿Qué piensas de tus amigos?
Call me - Soraya Arnelas (Pues eso, que ya estáis "calling me" chic@s...) :P
  • ¿Qué opinas de este test?
Como lo tienes tú - Pereza (Claaaaarooooooooooo...) ¬¬

Cien años después


Cuentacuentos 2.107: Parque Jubilásico


La friolera de, nada más y nada menos que, cien años han pasado desde aquel día en que El Cuentacuentos llegaba a la frase número cien. Hoy, 23 de Octubre de 2.107, publico lo último que he escrito. Empecé hace cosa de tres meses a escribirlo, porque claro… los años pasan factura y las cosas ya no son lo que eran.

Ahora, vivimos todos en una enorme residencia que un día fue de ancianos que, poco a poco la fueron abandonando para dar lugar a la entrada de más Cuentacuentos. Aunque algunos se mostraban reacios al principio, al final hemos acabado todos aquí.

Yo, ahora mismo no recuerdo cuando, pero hace poco que cumplí los 125 años. Es cierto que no soy la más joven (algunas se quitan años de encima, que lo sé yo…) pero también hay quien supera mi edad con creces.

El personal médico que vive pendiente de todos nosotros y se encarga de que nuestros mecanismos (todos ellos, sean los que sean) no se paren, no se explica que sigamos vivos. Los expertos (todavía no sé en qué) aseguran que el crear historias es lo que nos alarga la vida. Quiero creer que tienen razón. Y también quiero creer que, visto lo visto, la calidad y el número de creaciones, influye en ello. Porque no todos nos conservamos igual de bien.

Me parece que esto va a ser lo último que escriba, porque el reuma y las lagunas mentales que padezco, se me están haciendo insoportables. Si como aseguran: “no sigo creando historias, no sigo viviendo”, creo que ha llegado el momento de retirarme y dar cabida a otro de nosotros.

No me malinterpretéis, no es que no esté a gusto aquí, pero es que hay veces en las que se me hace muy duro. Recuerdo, por ejemplo, la última visita de mi bisnieta la mayor, ese hijo suyo… me arrea cada mamporro cada vez que viene a verme… Su padre dice que es su forma de demostrar afecto, pero el cabroncete me hace un daño del mil demonios… ¡Ay criaturita, me recuerda tanto a mí cuando era pequeña…!

Bueno, a lo que iba: la residencia. Es enorme y está llena de comodidades. Cintas transportadoras sobre las que ir de un lado a otro (y evitar así llegar un día después a comer); ascensores que nos mueven de un piso a otro; mascarillas de oxígenos distribuidas cada quince metros (por lo que pueda pasar); personal médico siempre alerta…

¿Y qué me decís del museo que nos han montado aquí al lado? Este mes creo que no nos han llevado a visitarlo, o eso o que yo no me enteré. También puede ser que lo haya olvidado, eso tampoco lo descarto. El caso es que es una maravilla ver todos nuestros escritos y premios en él. Tengo ganas de volver a ir (espero tener tiempo suficiente para hacerlo), y no porque me crea eso que le escuché el otro día a Popi de que han criogenizado y metido en una urna de cristal al Señor de las Historias, yo creo que es una de las suyas...

Hoy no estoy muy animada, no como el otro día, que hasta quise ir a una quedada que organizaron en el jardín. Quise ir pero no pude hacerlo, porque me equivoqué de cinta transportadora y acabé en uno de los salones. Al final asistí a la lectura de un microrrelato que parece ser que Oski escribió hace cien años también. Menuda siesta más buena la de esa tarde. No, no… no volváis a entenderme mal, no me dormí porque fuese aburrido, me dormí porque María ya no ve tan bien como antes y el control de sus cuerdas vocales lo está perdiendo. 20 minutos tardó en leer el título y lo demás ya no lo sé, porque se me cerraron los ojos. ¡Qué penita más grande, con lo bien que leía en el colegio cuando éramos niñas!

Ahora que pienso… creo que he quedado con Wannea y con alguna más para echar una partida de cartas en el salón verde. Me apetece mucho ir, pero también me da miedo después de lo del otro día. Creo que no todos os habéis enterado, pero… a Miki le trajeron el otro día un programa que copia y transcribe todo lo que dices en el ordenador, cuando venía a prestármelo, fue asaltado por un grupo de cuentacuentos enmascarados y casi nos lo quitan, pero al final la trinchera que nos ayudaron a construir Pedro y Tormenta, aguantó. Aunque también ayudó que Aarón apareciera y les tirara su vieja guitarra encima. De eso se alegraron muchos, pero ya no sé si por nosotros o por la guitarra, que se rompió en mil pedazos.

Hay días difíciles por aquí, últimamente no cesan los golpes de estado, pero Javi y Beleíta han sido siempre capaces de salir satisfactoriamente del apuro, y la República Independiente de Cuentacuentos, continúa como siempre…

Bueno, como siempre o casi… porque ahora las frases salen cada mes y medio (más o menos), cuando antes (no sé si lo recordaréis) salían cada semana, pero es que… ni nuestros dedos, ni nuestras cabezas son tan ágiles como lo eran antaño. Aún así, esto sigue creciendo. Cada día recibimos cientos y cientos de peticiones de jóvenes que quieren ser cuentacuentos o de otros, ya mayores, que lo son y quieren venirse a la residencia.

Por eso digo yo que va siendo hora de que alguno tiremos la toalla, no sea que nos la hagan tirar, porque aquí todo el mundo no cabe.

Acabo de escuchar a Jara por megafonía y dice que tenemos tarta de Pistachos en el salón verde, ¿entonces dónde he quedado yo para jugar a las cartas? Creo que me voy a ir al salón de cine a ver alguna de las películas de Scry o al de música que seguro que alguno andará aporreando alguna cosa en él.

¡Qué mayores que estamos ya, leche! Todavía me acuerdo de cuando…

Cogidas de la mano

Nada más despertar, se gira y lo descubre a su lado. Abrir los ojos y saber que su rostro descansa al lado del suyo la impregna de esa fortaleza que ahora tanto necesita.

Sus ojos también se abren. En un acto reflejo y al unísono, los rostros de las dos niñas dan un paso hacia adelante sobre la almohada. Esto provoca que sus pequeñas naricillas casi puedan rozarse.

La niña del pijama rojo mueve su cabeza de izquierda a derecha consiguiendo que su nariz roce la de su amiga. Una vez que ha parado, la niña del pijama azul celeste la imita, devolviéndole otro beso de gnomo.

Un nuevo acto instintivo hace que las dos se cojan de la mano. Con fuerza.

Vuelven a mirarse. Sonríen. Aunque lo hacen a duras penas.

Parece ser que esa mañana han amanecido más sincronizadas que nunca y una pequeña lágrima comienza a rodar por la mejilla de ambas.

Esas lágrimas que salen de lo más profundo de sus almas se asoman a los balcones de sus pupilas, resbalan por las enredaderas de sus pestañas y se deslizan rápidamente por la dulzura de sus mejillas. Llegan a la almohada pero no mueren en ella. Antes de esas lágrimas ha habido otras y esas otras han dibujado un pequeño río. Sobre ese pequeño río discurren ahora las últimas en nacer hasta llegar a un pequeño charquito que ambos ríos han originado sobre la sábana que cubre el colchón.

Han olvidado quien necesitaba de la otra para que pasara la noche a su lado. Sólo saben que están juntas y que cogidas de la mano son más fuertes.

Es hora de levantarse. Han de secarse las lágrimas y enfrentarse de nuevo al mundo y a la realidad, pero saben que juntas podrán hacerlo.

La niña del pijama azul celeste coloca un dedo índice a cada lado de los labios de la otra niña. Los desplaza de forma horizontalmente ascendente y presiona durante unos segundos, hasta fijar la curvatura que ha creado. La niña del pijama rojo la imita y le pinta a ella una nueva sonrisa.

Acaban de recordar que el pequeño mundo que comparten necesita contagiarse de sus pequeñas sonrisas para ser un poquito mejor y más llevadero, así que han decidido convertirse en pequeñas hadas de las sonrisas.

Sonriendo y sin que sus manos se suelten, bajan a desayunar para comenzar con esa misión tan importante que las dos tienen.

Están llenas de vida. Son fuertes. Acaban de convertirse en dos pequeñas heroínas y su arma más poderosa es la sonrisa.

Para María, por hacer que mis sonrisas nazcan de las suyas y dejar que las suyas se unan a las mías.

Le temblaban las manos cuando tuvo que elegir



Le temblaban las manos cuando tuvo que elegir a qué última tabla agarrarse en aquel momento que tan duro se le hacía. Nadaba en un mar en calma en el que imaginarios tiburones la acechaban hambrientos de su tranquilidad y deseosos de remover sus entrañas.

Estaba muy pálida. Había pasado demasiadas horas a la deriva aguardando por aquella lancha de salvamento que, tras conocer su situación, prefirió no desviarse de su recorrido y continuar navegando rumbo a la orilla. En la playa se celebraba una fiesta que, para el tripulante de aquella lancha sin duda era mucho más importante que ella.

Jura que sólo pudo verme a mí en medio de las aguas, cuando sus fuerzas estaban a punto de darse por vencidas, pero yo le he asegurado que esta noche, muchas éramos las tablas que nos manteníamos a flote tanto para ella como para cualquier otro náufrago que precisase de nuestro apoyo.

Llegó hasta mi pálida, temblando y profundamente agotada. Me abrazó con todas sus fuerzas, llorando y pidiéndome que no la soltase. No la solté. Jamás podría hacerle algo así.

No tardó en ser consciente de que conmigo ya estaba a salvo. Los tiburones no tardaron en desaparecer e incluso esbozó unas cuantas sonrisas que el cariño y la seguridad de un sinfín de tablas a la deriva, que al fin fue capaz de ver, somos capaces de dibujar.

Nunca hemos sido nada más que simples trozos de madera que flotan sobre el agua, nadie nos ha tenido jamás por otra cosa. No tenemos un botiquín como las lanchas de salvamento, pero somos capaces de apaciguar las tempestades del alma de los que a nosotras acuden.

Entre todas nos unimos, formando una gran tabla sobre la que se durmió como sólo haría una niña inocente y confiada. Nos apresuramos en acercarla a la costa. A la costa opuesta en la que se celebraba aquella fiesta que había sido la causa, muy posiblemente, de su incomprensible abandono.

Ahora sólo nos queda esperar a que la cura de sueño haga su efecto y que las primeras luces del alba la carguen de la energía que precisa para ponerse en pie y caminar tierra adentro. Sin volver la vista atrás. Sin dirigir la mirada al mar que quiso ahogarla y a quienes no quisieron ayudarla. Dónde no existen los tiburones. Más allá de las fronteras de la costa...


La fábrica de sueños cerró por vacaciones

La fábrica de sueños cerró por vaciones y entonces se produjo el caos.Todos los que allí trabajaban estaban acostumbrados a hacerlo durante las 24 horas de los 365 días del año más el de aumento en los bisiestos. Sin descanso y sin vacaciones para que los mortales de apié pudiesen disfrutar de sus dulces sueños.

Durante el primer día nada pasó. Era un día como otro cualquiera pero sin sonrisas profident en las caras de la gente, dado que nadie había tenido un sueño de esos que cuando te despiertas y lo recuerdas, te hace suspirar profundamente. Pero al segundo día... la cosa se agrabó. Digamos que los del montón, esos hijos de vecino que podríamos ser tanto tú como yo, simplemente estábamos un tanto... irascibles y gruñones.

No así le ocurría a esa gente de copete y postín que se codea con la élite más elitosa, para ellos fue mucho peor... La hija de mi vecina MariPuri, que se fue a vivir a Miami, asegura que iba tranquilamente caminando por la calle cuando, para grata sorpresa, se cruzó con Orlando Bloom. Le faltó tiempo para sacar su recién estrenado móvil con de todo y más, para hacerle una foto al muchacho. Y cuando se disponía a hacerlo, el supuesto Bloom fue arrollado por el Bloom verdadero, quien le dio una considerable paliza. Pues parece ser que entre los empleados de la fábrica de sueños, se encontraban una larga lista de clones de personajes con los que muchos y muchas hemos podido soñar en más de una ocasión.

Como es lógico, la noticia de lo sucedido entre el Bloom verdadero y el Bloom clónico (el empleado de la fábrica), ocupó al completo los medios de comunicación. Dando lugar a que por un lado, los Bloom, Clooney y demás no perdiesen los papales al verse las caras con sus "supuestos impostores", y por el otro, a que los demás soñásemos (aunque esta vez despiertos) con que nos los podríamos encontrar por la calle. Porque aunque no fuesen los originales, a nadie le amarga un dulce.

Lo que os acabo de contar, no fue más que un pequeño malentendido que se produjo, el verdadero caos vino después. Resulta que algunos de los empleados más afines entre ellos, organizaron excursiones de grupo para sus vaciones y claro... los ataques de pánico sufridos por algunas chicas al ver al grupo de "las suegras" (todas unidas y a una...) con las que muchos sueñan y tienen pesadillas, fueron considerables.

Y ya no os quiero decir nada de los que se encontraron al monstruo del saco veraneando en Ibiza; a la profesora de matemáticas (cuchillo en mano) en la playa o a seres de ultratumba que vuelven para vengarse. Mi hermana jura y perjura que mientras compraba en Mercadona, vio a un par de tipos con bigote, uno alto que hablaba muy raro y otro más bajito pero que sí hablaba en castellano que le resultaban familiares aunque no lograba recordar de qué, y que un escalofrío la recorrió de arriba abajo nada más verles.

En fin, que visto lo mal que han resultado las vacaciones de los trabajadores de la fábrica de sueños, parece ser que en un par de días volverán todos al trabajo, para evitar males mayores.

Por si os interesa mi anécdota, os la voy a contar: yo, creí encontrarme con el empleado cuya función era la de hacerse pasar por Mark Van der Loo, y por aquello que os dije antes de que a nadie le amarga un dulce, me lo ligué. Después me di cuenta de que me había equivocado, era el verdadero Van der Loo al que me ligué, y no un empleado que disfrutaba de sus primeras vacaciones...



Nuevo diseño del Blog¡!

Me daba un montón de pereza porque pensaba que sería más complicado, pero al final lo he hecho: he redecorado el aspecto de mi blog!! =D
Ahora es un poco más complicado meter cositas (widgets y demás) en la columna (sidebar) de la izquierda, pero creo que merece la pena porque la nueva plantilla (teamplate) me gusta mucho!!
Ale, y ahora que ya lo he dicho y que he demostrado que me sé tres palabrejas raras, me voy con viento fresco!! xD
¿Qué os parece?
P.D. Es lo que tienen los viernes por la mañana en el curro, que son muy aburridos! xD

La mirada que le devolvió el espejo no era la suya

La mirada que le devolvió el espejo no era la suya propia, ¿cómo diablos podía serlo? Ese rostro marrón con manchurrones negros por todos lados y esos ojos de mapache que la miraban desafiantes...
Precisamente fueron esos ojos los que le hicieron darse cuenta de la realidad y culpabilizarse por ello. La noche anterior había salido hasta las tantas; había bebido demasiado; había bailado y, por lo tanto sudado, una barbaridad y se había desfasado más de la cuenta. Si había llegado a su casa (o eso creía, porque era evidente que aquella era su casa, pero no recordaba como ni de qué manera había llegado hasta allí) tan extenuada que ni siquiera se había planteado la idea de desvestirse y ponerse el pijama, ¿cómo iba a pensar siquiera en desmaquillarse?
De todos modos y para asegurarse, volvió a su dormitorio (el olor a vodka con limón hizo que el estomago se le encogiera y le entrasen ganas de volver corriendo al cuarto de baño), encendió la luz e hizo la definitiva "prueba del algodón" observando la almohada con detenimiento. Y su fiel compañera a quien le consultaba todas las decisiones importantes que debía o no tomar, le corroboró su sospecha. La pobre almohada presentaba incluso más manchurrones que su propia cara. Diferentes tomos de marrón, algo parecido al beige, unas cuantas marcas de carmín y crespones negros de rimel y lápiz de ojos la decoraban, y un demasiado almibarado aroma la endulzaba muchísimo más de lo estrictamente permitido.
Volvió al cuarto de baño, se lavó la cara y se la secó con la toalla. Se cepilló los dientes y volvió a mirarse al espejo para ver si ahora ya reconocía el reflejo que este le ofrecía como propio. Hicieron falta una mezcla de jabón y agua tibia y algo así como un cuarto de
frasco de leche desmaquilladora para que por fin se reconociera a sí misma en el espejo. Pensó en prepararse un café bien cargado para espabilarse, pero al final decidió volver a la cama y seguir durmiendo.
Volvió a su cuarto y se tiró de bruces sobre la cama. De repente, escuchó algo que parecía ser una profunda respiración. Reptó sobre las sábanas y sacando la cabeza fuera de esta, miró hacia el suelo.
No estaba sola. Sobre el suelo de su dormitorio y tapado con la alfombra, dormía plácidamente el chico por que había suspirado durante meses. ¿Habría pasado algo entre ellos? Imposible, los dos seguían vestidos.
Se tapó la boca con la todavía manchada almohada, ahogando en ella un grito de "¡oh dios mío, no es posible, no puedo creérmelo!". Estiró la mano hasta la mesita de noche, cogió las gafas, se las puso y volvió a mirarle.
(...)
La primera noche que durmió bajo el mismo techo que el tío buenorro por el que estaba coladita, le sirvió para dejar de estarlo. Así tirado en el suelo, tapado con la alfombra, con la boca abierta y esa babilla que colgaba de ella, formando ya un pequeño charco en el suelo... ya no parecía tan guapo ni tan especial...

Marujeando un poco:

Álvaro: ¿Qué más tengo que hacer para demostrar que esta mujer es Sandra de la Vega?
Sandra: Yo no quería llegar a esto pero... ¿y si supiera cosas de cada uno de vosotros que sólo Sandra pudiera saber?
Richy: La primera reunión en 10 años que se pone interesante...
Sandra: Dieguito el viejito, siempre en su rinconcito, gruñe y refunfuña y se come las uñas. Se levanta temprano, para ir a cazar gusanos...
Richy: ¿Esto qué es la canción que ha ganado este año en Eurovisión?
Cayetana: No, es la canción que le cantábamos a Diego para hacerle rabiar... Eres tú...

Ven a pervertirme!¡


Ven a pervertirme con tus besos
Con tus artes de maestro consumado
Prometo ser sumisa y obediente
Abandonarme entre tus manos
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones
Perderme en esos ritos tan prohibidos
Que encarecieron inquisidores

Ven a pervertirme con tus frases
Dime palabras feas y atrevidas
Quiero contagiarme de tus vicios
Merecerme tus caricias
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones

(...)

Ven a pervertirme con tus trucos
De muchacho golfo y descarado
Ceder a tentaciones tan jugosas
Perderme para siempre entre tus brazos
Ven a pervertirme con tus juegos
Que quiero doctorarme en tus pasiones